11 de Marzo 2020
Se acentúan las turbulencias en los mercados

El lunes fue un día histórico, con caídas extraordinarias, nada comunes. De hecho, desde 1928, solo ha habido dieciocho días con caídas del S&P500 más abultadas (¡entre más de 24.500 observaciones!). Como continuación del artículo que publicamos la semana pasada, actualizamos nuestra opinión al respecto.

Si son turbulencias, son pasajeras

Haciendo el símil con un viaje en avión, está claro que últimamente está siendo movidito. Como inversores, lo importante es si se trataba de meras turbulencias o de si al avión se le han incendiado los motores. Vaya por delante que nuestra opinión es contundente: estamos convencidos de que es lo primero, son turbulencias. 

- Como comentamos en nuestro anterior artículo, el impacto macro de las medidas que se están tomando para contener el virus será sin duda muy severo (por ahorrarnos adjetivos más contundentes). Pero en tanto que asociado a un virus –que ya ha empezado a remitir de forma muy clara en China– el impacto debería ser transitorio.

Una parte del descenso actual en la actividad económica se perderá, pero otra se recuperará en cuanto remita la epidemia (hay congresos cancelados que no se celebrarán hasta el año que viene, y quien ha dejado de ir a restaurantes estos días no cenará más adelante seis veces al día para compensar, pero muchas reuniones y viajes solo se han pospuesto). Lo lógico es, pues, pensar que el nivel de actividad del segundo trimestre, o del tercero a más tardar, será superior al que teníamos antes del coronavirus (el “normal” más todo lo que ha quedado latente, pendiente de recuperar). 

La combinación de medidas fiscales y monetarias debería ser un buen compañero de viaje para los inversores

- No olvidemos los estímulos que muy probablemente se inyecten. Los bancos centrales ya están manos a la obra, pero lo que debería ser más importante es que se acumulan anuncios de medidas desde el ámbito fiscal. Trump anunció ayer rebajas fiscales para los contribuyentes y exenciones para las empresas afectadas. La combinación de medidas fiscales y monetarias debería ser un buen compañero de viaje para los inversores. 

- El petróleo fue en gran parte el causante del estropicio del lunes, al perder un tercio del valor desde que Arabia Saudí decidió contratacar a la renuncia de Rusia a colaborar con recortes de producción anunciando el pasado fin de semana que buscaría recuperar cuota de mercado.

En la práctica, eso supone añadir oferta de forma masiva mientras la demanda de crudo previsiblemente se vea afectada por el sobresalto económico en el que estamos. En nuestra opinión, sin embargo, deberíamos dar la bienvenida a los descensos del precio del petróleo. Si bien hay países o regiones que dependen de su producción y que lo sufrirán, a la mayoría de las empresas se les reducirá la factura energética y para los ciudadanos significará una inyección de renta disponible, ya que pagarán menos por la gasolina o la calefacción.

Nuestro trabajo es ser racionales, evaluar las probabilidades de los distintos escenarios posibles y actuar en consecuencia

Hay quien argumenta que estamos a las puertas de un evento de crédito –empresas que puedan dejar de pagar su deuda– que podría causar daños mucho más graves en los mercados. Sin poder descartar ningún escenario, no parece para nada el más probable. Las caídas del precio del crudo provocarán con toda seguridad problemas en el high yield americano, puesto que un tercio de sus componentes son productores de petróleo, y ciertamente pueden acabar suspendiendo pagos. Pero debería pasar poco más.

Los bancos centrales no nos pueden hacer viajar bajando tipos de interés cuando tememos contraer enfermedades pero sí pueden dar la financiación necesaria para que las empresas más endeudadas sobrevivan al impás en el que estamos. Las medidas fiscales deberían hacer el resto para proveer el colchón necesario para que no se precipiten más defaults de la cuenta. 

¿Qué hacemos con nuestras inversiones? 

En medio de las turbulencias, siempre hay alguien que piensa que el avión acabará estrellándose. Sin embargo, en el 99,99% de los casos el avión aterriza sin problemas.

Nuestro trabajo es ser racionales, entender el entorno en el que navegamos, evaluar las probabilidades de los distintos escenarios posibles y actuar en consecuencia. Ello no implica comprar todas las correcciones –que el avión vaya a aterrizar no quiere decir que debamos pagar cualquier precio por el viaje–, pero cuando se impone la histeria colectiva podemos viajar en primera a precio de turista. El lunes parecía uno de esos días. 

Unas cuantas reflexiones

- Como hemos visto, no es nada frecuente que la bolsa caiga un 8% en un solo día y que muchas grandes compañías desciendan a doble dígito. Suelen ser buenas oportunidades de compra, a medio plazo. Tamañas caídas suelen indicar ventas indiscriminadas, llevadas más por el estómago que por la razón. Cuando “no podemos aguantar más” suele ser el mejor momento de hacer de tripas corazón. 

- Los beneficios empresariales quedarán seriamente afectados al menos este trimestre. Pero una acción, por definición sin vencimiento, es una participación en todos los ingresos futuros de la compañía. Los inversores no suelen ser capaces de recordar esto último. Un mal trimestre o dos, si es por factores temporales, no tienen relevancia alguna si se tiene la perspectiva suficiente. Cuando otros la pierden y se dejan llevar por las emociones, nuestra obligación es aprovecharnos de ello.

Seguimos con niveles de liquidez más que suficientes para aprovechar las oportunidades que sigan surgiendo

- Los máximos previos no son una buena referencia en la mayoría de los casos. Parte de la caída es debida a pura gravedad. Solo compramos activos cuyo recorrido, hasta lo que consideramos razonable, sea interesante para nuestros partícipes. En algunos casos las caídas son ya muy abultadas –los índices europeos están a niveles de mínimos de diciembre de 2018, cuando tuvimos el último episodio de fuertes retrocesos bursátiles–. 

- Muy probablemente no sea la última turbulencia que veamos. Ni los resultados empresariales ni los datos macro acompañarán durante un tiempo, y la propagación del virus está lejos de contenerse. Pero los adivinos no existen. Ni nosotros ni nadie podemos anticipar dónde quedará el mínimo. Si vamos comprando solo cuando los precios son interesantes y nos dejamos espacio para seguir haciéndolo cuando sean aún mejores, no nos puede acabar saliendo muy mal. 

- Los eventos en los que estamos parecen asegurar tipos de interés ridículos durante más tiempo, y se añadirán políticas fiscales expansivas. Lo anterior, en cuanto se diluyan las medidas tomadas para atajar el coronavirus, deja a la renta variable en muy buen lugar para depositar nuestras inversiones. De hecho, la deja como una de las pocas alternativas viables, desgraciadamente. Aprovechar turbulencias para comprar, manteniendo una óptica de medio/largo plazo, es extremadamente sensato, a nuestro entender. 

¿Cómo están nuestras carteras? 

- Ayer sacamos la lista de la compra y pusimos órdenes limitadas a los precios a los que querríamos comprar las compañías que más nos gustan, que son las de alta calidad, sin deuda y con capacidad para sobrevivir a este y a muchos otros entornos negativos. Muchas de esas órdenes se hicieron. También aprovechamos para añadir exposición a los índices con más recorrido. 

- Todo lo anterior, con moderación. Queremos tener carteras equilibradas, de lo más resistentes a nuevas turbulencias, dentro de lo posible, y que, sobre todo, nos podamos permitir comprar otra vez si se dan precios excepcionales. 

Conclusión 

Reiterar el mensaje del anterior artículo. Ya estábamos preparados para caídas bursátiles antes del coronavirus. Creemos, pues, que deberíamos ser capaces de seguir resistiendo bien las correcciones y la volatilidad que pueda acontecer.

Seguimos con niveles de liquidez más que suficientes para aprovechar las oportunidades que sigan surgiendo, algo que hemos empezado a hacer desde ayer.

Como explicamos en nuestro posicionamiento estratégico, estamos convencidos de que la forma correcta de encarar el medio plazo es estar invertidos en activos reales, y uno de sus mayores exponentes es la bolsa. Tenemos toda la intención de ir aprovechando, gradualmente y con mucha paciencia, las oportunidades que nos vayan dando de comprar las mejores compañías y activos a buenos precios. 

David Macià, CFA®
CIO Crèdit Andorrà Asset Management

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