18 de Julio 2022
Recesión

Si van a ser los bancos centrales quienes controlen a la inflación, solo pueden hacerlo provocando un ajuste de la demanda de tal calibre —visto lo lejos que están de la neutralidad de la política monetaria (es todavía extremadamente expansiva)— que sería casi milagroso si no terminasen provocando una recesión. Y esta vez, si depende de ellos, no lo dudarán. Su activo más poderoso no es la fijación de los tipos de interés ni la impresión de moneda. Es su credibilidad. Si se les escapa la inflación, quedaría seriamente dañada, algo que no se pueden permitir.

Pero probablemente no serán los bancos centrales quienes provoquen la contracción económica. No son tan poderosos. Los precios suben o bajan hasta que equilibran a los mercados subyacentes. Cuando sobra demanda, o cae la oferta, los precios suben. No suelen acontecer ambas cosas a la vez (los productores producen más, cuando los precios son mas atractivos).

Pero ahora vivimos el resultado de shocks simultáneos de oferta (por la pandemia, que ha dificultado producción y distribución), y de demanda (por los estímulos recibidos), que han tensionado en extremo precios. Como no se han visto acompañadas de subidas de salarios equivalentes, se destruye a marchas forzadas la capacidad adquisitiva de los ciudadanos.

Dicho de otro modo, cada vez cunde menos el dinero, y podemos consumir menos bienes y servicios. La propia inflación es la causa del ajuste de la demanda. Los bancos centrales son solo la guinda del pastel, dificultando crédito y incrementando el coste de satisfacer la deuda previamente adquirida (vía hipotecas más caras, por ejemplo). 

Comprar buenos activos a precios interesantes no suele pasar cuando la economía esta en pleno apogeo

Sin embargo, una cosa es pensar que terminaremos en recesión y otra la magnitud de la misma. Probablemente sea suave. El punto de partida es mucho mejor que otras veces (más renta disponible previa, niveles de desempleo más bajos, banca mucho mejor capitalizada) y deberían servir de amortiguador. Además, las recesiones suelen ser ligeras. Si la historia sirve de precedente, caídas de actividad dramáticas no son para nada lo más habitual.

Como inversores, nos debe preocupar mucho menos la recesión en sí, si es que esta termina por acontecer, que los precios a los que podemos invertir. El problema es que los mismos no descuentan aún dicha recesión, por suave que sea, y por lo tanto, previsiblemente, pueden seguir corrigiendo. La buena noticia es que cuando eso suceda, tendremos una oportunidad de inversión de las que se dan pocas veces.

Comprar buenos activos a precios interesantes no suele pasar cuando la economía esta en pleno apogeo. Seguimos pues con un posicionamiento muy prudente en nuestras carteras, con liquidez abundante, y con estrategias alternativas a la renta fija tradicional que aspiramos amortigüen el golpe y nos permitan aprovechar las oportunidades que tarde o temprano aparecerán.

Una de las cosas de las que estamos más convencidos es que el cambio de objetivo de los bancos centrales reduce la liquidez en el sistema e incrementa la volatilidad. Y lo anterior equivale, con paciencia, a oportunidades. Las aprovecharemos.

David Macià, CFA®
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Crèdit Andorrà Asset Management

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