12 de Febrero 2021
Préstamos de doble filo

Latinoamérica está siendo una de las regiones más afectadas por la COVID-19. Desde el punto de vista sanitario, varios de sus países se incluyen entre los que más contagios y muertes por millón de habitantes cuentan en todo el mundo. Económicamente también está siendo fuertemente golpeada.

En su última actualización, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el PIB de la región se contraerá el 9,1% en 2020; en países como Perú o Argentina con caídas de doble dígito, y en México y Brasil en cotas muy cercanas al 10%. La respuesta de los gobiernos está siendo diversa.

Chile es el país que más estímulos fiscales ha planteado, del 11,5% sobre el PIB, seguido de Perú (10%) y Brasil (7,4%). México, por su parte, es el que menos recursos ha destinado en el ámbito fiscal, con tan solo el 0,6%. Desde el punto de vista monetario también son Chile, Brasil y Perú los países que han implementado mayores decisiones de expansión.

El aumento en los déficits será sufragado mediante el incremento de la deuda externa de los países, tanto en el mercado público como en el privado. En este último, un país está ganando cada vez más peso en la región: China. A través de empresas estatales como el China Development Bank o el Export-lmport Bank of China, el gigante asiático se ha convertido en los últimos años en el banquero de América Latina.

El aumento en los déficits será sufragado mediante el incremento de la deuda externa de los países

Los préstamos directos ascienden a más de 150.000 millones de dólares. El caso más conocido es el de Venezuela, inmersa en una descomunal crisis social y económica y que no encuentra muchas más alternativas de financiación en el mercado internacional. Sin embargo, otros países como Brasil, Ecuador, Argentina o Bolivia están recibiendo apoyo financiero de China a través de esta vía, y cada vez en mayor medida.

Pero, ¿qué busca China con estas inversiones en América Latina? La respuesta es bastante evidente: ganar influencia económica y política. En el ámbito económico suele exigir, a cambio de los préstamos, que los países compren maquinaria y productos manufacturados chinos, o bien que sean compañías chinas las que realicen ciertas obras de infraestructura.

Por ejemplo, en Bolivia, las empresas chinas han sido adjudicatarias de más de una veintena de proyectos de carreteras y puentes desde 2013. Otra fórmula, ya empleada en Venezuela, son los llamados loans-for-oil, préstamos por los que, en caso de insolvencia por parte del país, China recibiría petróleo como medio de pago. Esta solución sería potencialmente aplicable a otras materias primas que abundan en Latinoamérica y en las que China tiene gran interés.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el PIB de la región se contraerá el 9,1% en 2020

Con el aumento de la deuda externa, es inevitable pensar en la década perdida de Latinoamérica de los años ochenta, cuando varios países se vieron incapaces de hacer frente a sus obligaciones crediticias tras una crisis económica global y la caída del precio de las materias primas. Si bien es cierto que la situación es diferente, pues no se esperan subidas de tipos de interés en los desarrollados que provoquen fugas de capital como las de entonces, quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

En el ámbito político, Latinoamérica también interesante para China, en un momento clave de rivalidad con Estados Unidos, que históricamente ha considerado la región como su área de influencia natural. China ha sido capaz de establecer estrechos lazos diplomáticos no solo con los países con gobiernos de mayor afinidad ideológica, sino también con naciones con las que históricamente no había tenido relación, como Panamá o la República Dominicana.

Juan Gestoso
Analista de inversiones

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