2 de Febrero 2017
Política fiscal: ¿el (pen)último cartucho?

Las políticas fiscales que los mercados han acogido con entusiasmo deben ir enfocadas a incrementar el crecimiento vía mejoras de productividad y financiadas con sentido, de lo contrario se habrá perdido una nueva oportunidad para revitalizar la economía.    

Tras la victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, se ha disparado el optimismo en los mercados, apoyado en la esperanza que las nuevas medidas de política fiscal expansiva del gobierno entrante impulsarán el  crecimiento de la primera economía mundial. Sin embargo, antes ya conocimos medidas de política fiscal en China (720 mil millones de dólares), en Japón (132 mil millones de dólares) y en la eurozona (50 mil millones de euros), que no tuvieron el mismo efecto en los mercados.  ¿Qué ha cambiado entonces?

Los mercados financieros se han acostumbrado a vivir bajo la protección de los bancos centrales, dispuestos a proveer una red de protección en forma de liquidez ante el menor atisbo de riesgo. La subida de tipos de la Reserva Federal, las especulaciones de una posible limitación de las políticas monetarias expansivas del Banco de Japón y el Banco Central Europeo, y el repunte de la inflación, tras la reciente recuperación de los precios del petróleo, sembraron las dudas sobre su continuidad.   

Se considera que entramos en una nueva fase, donde las políticas monetarias expansivas dejan paso a las políticas fiscales

Los inversores consideran que la política fiscal expansiva es el viento de cola necesario para impulsar un crecimiento que sigue languideciendo a nivel mundial.  Se considera que entramos en una nueva fase, donde las políticas monetarias expansivas dejan paso a las políticas fiscales.

De nuevo pueden estar tranquilos, pues las autoridades vuelven a proveernos de una red de seguridad que permita las acrobacias de unos mercados financieros con unas ajustadas valoraciones.     

Tras años de incrementos de los balances de los bancos centrales insuflando liquidez en el sistema, la intención ahora es acercar esta liquidez a los bolsillos de los consumidores, pues durante estos años hemos visto que el mecanismo de transmisión de la política monetaria no ha funcionado como se esperaba. El gasto público en infraestructuras para generar empleo, la reducción de impuestos y otras medidas propuestas  pretenden alcanzar este objetivo. Pero, ¿será efectivo?

El crecimiento económico depende de dos variables: la demografía (más gente produciendo) y la productividad (la misma gente produciendo más). Se puede influir poco en los efectos demográficos, la clave pasa por tanto por impulsar la productividad.

La política fiscal debe estar enfocada a impulsar la productividad y el gasto en infraestructuras dirigido a mejorar el transporte y a reducir los tiempos de producción. Grandes infraestructuras financiadas con una deuda que el propio proyecto no puede pagar no son productivas en el largo plazo. Menores impuestos serán positivos si ello permite a las compañías liberar efectivo para ser empleado en la inversión en nuevos proyectos o mejoras de producción. Destinar ese dinero a recomprar acciones o a realizar operaciones corporativas a precios elevados no generará crecimiento alguno.

Es importante también destacar que estas políticas fiscales deben tener una financiación con sentido, pues incrementar la ya de por sí elevada deuda que tenemos sería contraproducente.  

Debemos concluir por tanto que las políticas fiscales deben ir en la dirección correcta para impulsar el crecimiento que el mercado espera. De no ser así, pueden apoyar en el corto plazo, pero en el largo plazo seguiremos en el mismo entorno de crecimiento y los mercados tendrán que reflejarlo. 

 

Alfredo Álvarez-Pickman
Economista jefe Banco Alcalá

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