21 de Julio 2021
Parrilladas

Decía sir John Templeton que los mercados alcistas nacen en el pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia. Si tiene razón, no pueden haber muchas dudas de en qué etapa estamos.

Ciertamente, se hacen difíciles las lecturas paralelas a la que predomina entre los inversores. La economía mejora a pasos agigantados. Los ciudadanos quieren y pueden gastar (llevan un año encerrados en casa, y en EE. UU. incluso han aumentado el ahorro gracias a los subsidios recibidos). A medida que se levantan las restricciones, salen en estampida. Simultáneamente, las autoridades ni se plantean las retiradas de estímulos.

Para los mercados, es como si a un incendio le echas gasolina: las llamaradas son de órdago. Va a ser la parrillada del siglo, ¿cómo no se va a poner toda la carne en el asador? Añádanle tipos nulos, continúa el argumento, y la cosa deja sin mucho donde escoger. Y, si el fuego flojea, no se preocupen, que los bancos centrales acudirán al rescate (así ha sido desde Paul Volcker, hace tres décadas ya que no vemos otra cosa). Ni siquiera una pandemia mundial ha provocado retrocesos bursátiles de más de unas pocas semanas. Los bancos centrales son el superhéroe de los mercados. Son invencibles, no hay villano que se les resista.

Aunque el tono de quien les escribe es de un profundo escepticismo, no lo es de negación de la realidad. A corto plazo, las cosas no son lo que son, en mercados financieros. Son lo que parecen. Los inversores se han convencido de que nada puede salir mal. Un mal dato macroeconómico es bueno porque así los bancos centrales podrán seguir dándole a la manivela. Un buen dato es la prueba de que todo va bien.

Los bancos centrales son el superhéroe de los mercados

Subir o subir, esa es la cuestión. No debemos olvidar tampoco que los mercados alcistas suelen durar mucho más que los bajistas. Sin embargo, los mercados acaban cediendo a la inexpugnable ley de la gravedad. Cual avión que vuela sin combustible, tarde o temprano la inercia cede, y se precipita al vacío.

La pista de aterrizaje la dan los beneficios empresariales, para la renta variable. Creemos que las valoraciones se han alejado ya demasiado, pero si los beneficios aceleran más aún, tal vez el aterrizaje sea más o menos suave. La kriptonita de los bancos centrales puede ser la inflación. Sin inventarios de casi nada (y algunos tardaran mucho en rellenarse, como con los semiconductores) y con las fábricas al máximo, los trabajadores muy buscados, el precio del mercado inmobiliario al alza y las políticas fiscales coordinadas con las monetarias (eso no pasó en Europa en 2008), a lo peor resurge y da algún disgusto a Superman y sus amigos.

En definitiva, no descarten para nada que la fiesta continúe. Pero desconfíen siempre cuando vean que todos, sin excepción, defienden una sola tesis (sea el advenimiento del fin del mundo o de un esplendoroso futuro, tanto da). Manténganse invertidos (el todo o la nada son casi siempre un error), pero tal vez sea mejor renunciar a una parte de las ganancias que queden por llegar y limitar potenciales disgustos.

David Macià, CFA®
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados Crèdit Andorrà Asset Management

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