27 de Noviembre 2017
Nuevas tensiones en Oriente Medio apoyan al crudo

No es un secreto que el precio del petróleo depende principalmente de la oferta. En 2014, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderada por los saudíes, decidió no limitar más la producción con el objetivo de perjudicar a la industria del fracking. Parece que los jeques subestimaron las consecuencias de esta decisión. 

Los precios del crudo cayeron fuertemente hasta llegar a un mínimo de 26 dólares por barril a principios del 2016. La caída fue tan fuerte que hasta los saudíes –con costos de producción muy bajos– ya no se sentían cómodos. La falta de petrodólares abrió un hueco fiscal en el reino, por lo que en noviembre de 2016 la OPEP (junto a otros países productores no-OPEP, como Rusia) decidió reducir y limitar la producción nuevamente.

La decisión de la OPEP en 2014 de no limitar la producción de crudo tenía como objetivo perjudicar a la industria del 'fracking' pero hizo bajar los precios hasta los 26 dólares por barril a principios de 2016

La frustración de los saudíes es que no lograron dañar la industria petrolera en Estados Unidos. Los costos del fracking han bajado sustancialmente, gracias a nuevas tecnologías y a recortes de gastos. En consecuencia, la producción de petróleo en EE. UU. rebotó con fuerza y se situó en nuevos máximos históricos, lo que limitaba la recuperación de los precios.

Parecía que el mercado petrolero había encontrado un nuevo equilibrio en un rango de entre 40 y 60 dólares por barril. Recientemente, fuertes datos económicos en el mundo, una reducción moderada de los inventarios y débiles resultados de la industria petrolera justificaban que el precio del crudo se moviera hacia la banda superior del rango. Muy pocos analistas pronosticaban un precio más alto debido a la posible reactivación de la producción y se olvidó que muchos de los países exportadores de petróleo son políticamente inestables. La prima de riesgo geopolítico no se había manifestado, a pesar de tensiones en productores como el Kurdistán iraquí y Venezuela.

Esto cambió a principios de este noviembre. El precio de petróleo surgió rápidamente por la noticia de la nueva campaña anti-corrupción en Arabia Saudita. En un acto sin precedentes, el joven príncipe heredero, de 32 años, Mohammed bin Salman (conocido como MbS), arrestó a varios miembros de la realeza, ministros y a grandes empresarios. La corrupción prevaleciente es indiscutible y su represión es una señal positiva. Pero muchos analistas ven el acto como un plan de MbS de demostrar su poder y establecerse como el hombre más poderoso que ha visto Arabia Saudita en décadas.

Durante mucho tiempo, el poder en el reino estuvo dividido principalmente entre los clanes de los siete sudairis. La gobernanza por consenso fue relativamente estable pero con un proceso de reformas desesperadamente lento. El futuro del reino (y tal vez de la región) ha cambiado drásticamente con el ascenso de MbS.

La lucha contra la corrupción encabezada por el joven príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, ha supuesto un cambio de rumbo en el mercado del crudo

El príncipe heredero es bastante popular en un país en el que el 70% de la población tiene menos de 35 años. Los jóvenes se sienten entusiasmados con la idea de transformar el país con reformas económicas y culturales. MbS ha anunciado muchos cambios positivos: se permitirá conducir a las mujeres, pronto se abrirán salas de cine y habrá más zonas turísticas. El símbolo de la ambición del príncipe heredero es su plan de construir una nueva megaciudad en el noroeste llamada Noem, basada en alta tecnología y que necesitará inversiones de 500 mil millones de dólares. Otros proyectos ambiciosos son la oferta pública de suscripción de Aramco, con la cual calcula obtener 100 mil millones de dólares.

El objetivo es modernizar y diversificar la economía reduciendo la dependencia del oro negro. No hay duda de que un precio del petróleo relativamente alto es indispensable para salir de la recesión y atraer inversiones internacionales. Por eso no sorprende que el ministro de Energía, Khalid al-Falih, anunciara que los saudíes están a favor de extender el acuerdo de la OPEP que vence en marzo 2018.

Las recientes noticias de Arabia Saudita tienen implicaciones para todo el Oriente Medio. Es posible que la concentración de poder en un solo líder, sus ambiciones y caprichos hagan aumentar los riesgos geopolíticos, especialmente dado el hecho que MbS cuenta con el apoyo incondicional de la administración de Donald Trump, al menos por ahora.

La renuncia del primer ministro del Líbano, Saad al-Hariri, en Riad, justo durante la campaña anticorrupción no parece ser casualidad. Sería razonable suponer que los saudíes traten de recuperar la influencia de Irán en Oriente Medio. Es probable que las tensiones aumenten, sobre todo a través guerras de poder indirectas con aliados de Irán como Hezbolá en el Líbano y los houthis en Yemen.

Por ahora, las instalaciones petroleras no están en riesgo, pero la posibilidad de una escalada del conflicto y una posible intervención militar de los Estados Unidos y de los saudíes contra Irán significaría que la prima de riesgo dentro del precio de petróleo está aquí para quedarse –y podría aumentar–. Una guerra directa no beneficiaría a nadie, pero provocaciones y guerras indirectas podrían apoyar los precios del crudo. Es justo lo que Mohammed bin Salman necesita para estabilizar la economía, consolidar el poder y tener éxito con sus ambiciosos proyectos de inversión.

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Pascal Rohner, CFA®
Director de Inversiones de Banco Crèdit Andorrà (Panamá)

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