24 de Octubre 2017
Nueva generación de productos de renta fija

Los bonos corporativos empiezan el último trimestre del año con estrechamientos en sus diferenciales de crédito acompañados por el avance de la actividad global que impacta positivamente en el crecimiento.

Después de la presentación de los últimos resultados trimestrales, en general, los fundamentales de las compañías deberían presentar una mayor fortaleza del ebitda, mejoras de márgenes y un menor apalancamiento. Desde el punto de vista más técnico, siguen entrando los flujos de dinero en estos activos y las emisiones primarias siguen a buen ritmo aprovechando los bajos costes de financiación y el incremento de la actividad en fusiones y adquisiciones. Los riesgos principales que podrían cambiar el entorno benigno serían: el retorno del riesgo geopolítico, el inicio del tapering del BCE (que reduciría el volumen de sus programas de compras) y sobre todo que ante movimientos adversos en el precio de los bonos por subidas de tipos de interés, los inversores se planteen una reasignación de sus inversiones.

En este contexto se han generado dos categorías de bonos que dan respuesta a nuevas necesidades por parte de los inversores. Por un lado la mayor preocupación por el medio ambiente y la inversión socialmente responsable, y por el otro la necesidad de obtener financiación alternativa a la tradicional bancaria para la inversión en infraestructuras.

Por definición, los bonos verdes financian proyectos medioambientales (de mitigación, como los de energía renovable, o los de adaptación, como las construcciones de muros contra inundaciones). Los bonos sociales se dedican a la financiación de los proyectos sociales (programas para grupos o zonas económicas desfavorecidas). Y donde convergen ambos (proyectos medioambientales y sociales) aparecen los llamados bonos sostenibles

Los bonos verdes ya hace diez años que vieron la luz, pero es en los últimos dos que su volumen de emisión ha aumentado exponencialmente gracias al aumento de la conciencia sobre el cambio climático y el Acuerdo de París. Se prevé que este año llegue al récord de entre 120-150.000 millones de dólares. Se calcula que en total hay 267.500 millones de emisiones de bonos verdes y 29.500 millones de emisiones de bonos sociales. Para formar parte del universo elegible, los bonos deben cumplir unos principios de inversión (transparencia del destino de la inversión, proceso de evaluación, gestión y recepción de informes periódicos), dirigidos por la ICMA (International Capital Market Association).

Los 'green', 'social' e 'infra bonds' responden a la preocupación por el medio ambiente, la ISR y la financiación de infraestructuras

Las empresas que gestionan la obra pública tradicionalmente apelaban al crédito bancario como fuente de financiación principal, pero las entidades financieras expuestas a una mayor regulación han reducido la aprobación de esos proyectos por el consumo de recursos propios que supone. Así, se han buscado fuentes de financiación alternativa a largo plazo a través de los conocidos bonos de infraestructuras. De esta manera se posibilita a los inversores la participación en diferentes proyectos.

Advertimos de que se trata de una inversión a largo plazo donde se aconseja diversificar para no invertir solo en un proyecto o riesgo. Hasta ahora en Europa y EE. UU. se utilizaban vehículos diferentes (préstamos y emisiones de bonos, respectivamente). Se espera que se incrementen las emisiones en Europa tras la iniciativa The Europe 2020 Project Bond, impulsada por el Banco Europeo de Inversiones.

Josep Maria Pon, CIIA
Director de Renta Fija y AMM Crèdit Andorrà Asset Management

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