10 de Febrero 2022
Normalización y retos pasados

En líneas anteriores hablábamos sobre las medidas monetarias y fiscales que bancos centrales y gobiernos habían tomado respectivamente para hacer frente a la crisis económica derivada de la pandemia. En los últimos meses, las instituciones monetarias no han tenido más remedio que comenzar a subir, en mayor o menor medida, los tipos de interés para combatir una creciente inflación que, si bien no es un problema exclusivo de la región, Latinoamérica ha sufrido sobremanera históricamente. 

El aumento de tipos en Latinoamérica ha llegado antes que en muchos de sus pares emergentes y por supuesto antes que en los países desarrollados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando estos últimos comiencen de manera efectiva con la normalización monetaria? Si volvemos la vista a 2013, presenciamos cómo las políticas más restrictivas generaron salidas de flujos de capital de los mercados de bonos emergentes hacia los desarrollados, lo que llevó a depreciaciones de las monedas locales, elevó a su vez los costes de financiación e hizo que los países tuvieran dificultades para manejar su deuda externa.

Tras una contracción del PIB del 6,8% en 2020, le seguirá una expansión por encima del 6% en 2021 y cercana al 3% en 2022

Bien es cierto que aquella situación es distinta que la presente, entre otras cosas porque la Reserva Federal norteamericana ha preparado el terreno suficientemente. En todo caso, los bancos centrales de la región estarán sin duda atentos a los movimientos de los desarrollados, a la vez que velan porque la normalización monetaria no menoscabe la aún frágil salud de las economías domésticas.

Tras una contracción del producto interior bruto de la región del 6,8% en 2020, le seguirá una expansión por encima del 6% en 2021 y las previsiones para 2022 son de una ralentización del crecimiento por debajo del 3%. Menos de la mitad de los países han conseguido hasta la fecha recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia, aunque la mayoría lo harán a lo largo de 2022. 

Sin embargo, la región tenía tareas pendientes antes de la pandemia que no deben ser ignoradas por las instituciones. Los bajos niveles de inversión, ahorro y productividad, junto a unos elevados pesos de la fuerza laboral en el crecimiento y de la economía informal hacen que los retos de recuperación y desarrollo sean considerables. 

Menos de la mitad de los países han conseguido hasta la fecha recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia

Por si fuera poco, la región no ha dejado atrás la inestabilidad política en varios de sus principales países. En Chile se ha proclamado vencedor de las elecciones a Gabriel Boric ante José Antonio Kast, el favorito del mercado. En Perú, el presidente Castillo, pese a evitar una temprana moción de censura, no está logrando dar equilibrio a una sociedad cada vez más dividida. Brasil y Colombia encaran elecciones presidenciales en 2022.

En el primer caso, el expresidente Lula da Silva, quien aún enfrenta procesos judiciales, aventaja holgadamente en las encuestas al actual mandatario, Jair Bolsonaro, cuya popularidad roza mínimos históricos. En el caso del país cafetero, que recientemente ha perdido el grado de inversión, lidera los sondeos el exalcalde Gustavo Petro, quien tampoco goza del favor del mercado.

Los líderes de gobierno deberán afrontar el tramo final de recuperación económica y además continuar con los esfuerzos de modernización de unas economías que aún están lejos de su potencial, lo cual es una buena noticia. La inversión privada externa está llegando y los niveles de emprendimiento doméstico han crecido notablemente, lo que pone de manifiesto que las posibilidades en la región son importantes.

Juan Gestoso
Analista de inversiones

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