13 de Noviembre 2018
Los sesgos cognitivos de la inversión

Daniel Kahneman, Richard Taler (ganador del premio Nobel en 2017) y Amos Tversky son los mayores contribuidores de la economía conductual. Kahneman explica en su famoso libro Pensar rápido, pensar despacio que nuestra mente tiene dos “sistemas”.

Por un lado, el sistema 1 actúa automáticamente y no nos requiere ningún esfuerzo, por ejemplo para hacer una operación sencilla, como multiplicar 2 por 2. En cambio, el sistema 2 es analítico, intuitivo y tiene en cuenta nuestras sensaciones. Cuando el sistema 1 encuentra una dificultad, llama al sistema 2 para que le sugiera un procedimiento más detallado y preciso para resolver el problema. El sistema 2 se moviliza cuando surge un problema que el sistema 1 no tiene una solución rápida, como multiplicar 17 por 345.

En el proceso de inversión se producen distintas emociones en las que el inversor tiende a caer en sesgos conductuales

Según Kahneman a menudo el sistema 2 tampoco es capaz de encontrar una solución adecuada, porque la tarea es demasiado compleja o simplemente porque el sistema 1 se adelanta: en estas ocasiones el sistema 1 nos ofrece un atajo mediante una respuesta intuitiva, instintiva y, muchas veces, errónea. Este fenómeno a menudo nos induce a cometer errores sistemáticos en nuestra toma de decisiones y, como consecuencia, actuamos de forma irracional o muy alejada de la idónea.

En el proceso de inversión se producen distintas emociones en las que el inversor tiende a caer en distintos sesgos conductuales. Según un estudio presentado por el Instituto de Investigación de Credit Suisse junto con la Universidad de Zurich, bajo el título Finanzas Conductuales: La Psicología de la Inversión, destacan los siguientes:

Sesgo de confirmación: es una propensión a dar más importancia y credibilidad a los datos que encajan con nuestras creencias que a aquellos que las contradicen. Por ejemplo, cuando se analiza una compañía, pensar que evoluciona bien sólo por haber incrementado sus ventas, a pesar de que aumenta el endeudamiento y caen sus beneficios. Para solucionar este sesgo hay que leer tesis contrarias que nos hagan rebatir nuestros propios argumentos.

Sesgo de retrospectiva: la afirmación “ya sabía yo que esto iba a pasar” y que tengamos una explicación de todo después de que el hecho ha ocurrido. ¿Cuántos inversores pronosticaron la crisis subprime? Realmente, ¿cuántos de ellos invirtieron en contra de la opinión mayoritaria?

Sesgo de exceso de confianza: el exceso de confianza es uno de los sesgos emocionales más comunes entre los inversores. Consiste en la tendencia a sobreestimar nuestras habilidades y pensar que estamos por encima de la media. Por ejemplo, cuando un activo en el que hemos invertido empieza a subir, nos empezamos a creer que somos muy buenos.

Sesgo de anclaje: es la predisposición a dar más peso a la información obtenida en primer lugar que a otra nueva que la contradice. Muchas veces tomamos precios pasados en los que ha cotizado una empresa como referencia a la hora de estimar su potencial de revalorización.

Sesgo de disponibilidad: los eventos que se presentan con mayor frecuencia en los medios de comunicación de inversión serán recordados más rápidamente por los inversores cuando buscan un instrumento de inversión adecuado.

Aversión miope a las pérdidas: la mayoría de los inversores teme más a las pérdidas que a los propios beneficios. Si estos inversores miran el comportamiento de las acciones demasiado a menudo, generalmente ven que han perdido dinero y venden todo de nuevo. Una visión a largo plazo sería mejor. 

La influencia de los sesgos cognitivos nos lleva inevitablemente a valorar incorrectamente el riesgo y las oportunidades. Se ha observado que algunos de estos sesgos se van eliminando a medida que aumenta nuestra experiencia pero siempre, en algún momento, nos pueden llegar a influenciar. Conocer estos sesgos y ser conscientes que pueden afectarnos o influenciarnos nos ayudara a ser mejor inversores.

Sergi Casòliva
Gestor Multiactivo y Clientes Institucionales Júnior

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