23 de Julio 2021
Inflación de EE. UU.: ¿más alta y duradera?

 

Los índices de precio elevados, los indicios del aumento de las expectativas y el déficit de materiales y mano de obra han llevado a que prestemos más atención al riesgo de una mayor inflación durante más tiempo.

La mayoría de los participantes en el mercado financiero piensan que el aumento de los precios será transitorio debido a efectos base, situaciones aisladas y escasez de suministro temporal en sectores que se vieron muy afectados por la pandemia. No hay duda de que el hecho de que llevemos viviendo en un contexto de baja inflación más de una década también ha influido en las opiniones.

Sin embargo, la situación actual contrasta claramente con el periodo posterior a la Gran crisis financiera (GCF). La austeridad fiscal, la baja inversión, la reducción del endeudamiento de los consumidores y la actuación preventiva de los bancos centrales definieron la crisis posterior a 2008. El riesgo siempre pareció inclinarse hacia posibles revisiones a la baja en lo relativo al crecimiento y a la inflación, y la principal preocupación era qué harían los bancos centrales en caso de que el crecimiento fuese a menos o iniciase un periodo de deflación.

Cuando las expectativas inflacionarias se integren en el sistema, se convertirán en una profecía autocumplida

Tras la crisis de 2008, los estímulos fueron insuficientes y, como consecuencia, la recuperación muy lenta. En esta ocasión, las autoridades, conscientes de los errores pasados, se han lanzado a gastar. Por el momento, el estímulo fiscal estadounidense de más de 5 billones de dólares es significativamente superior a los paquetes de ayuda de 1,5 billones de dólares aprobados durante la crisis financiera de 2008.

En lo relativo a los estímulos monetarios, hoy en día la Fed ha duplicado su balance hasta los 8 billones de dólares como respuesta a la crisis de la COVID. En 2008, lo aumentó en 1 billón, al que siguieron otros 2 billones en los 6 años posteriores. El nuevo objetivo de inflación medio de la Reserva Federal implica que la autoridad financiera ya no actuará de forma preventiva, sino que esperará a tener datos reales para adaptar su política monetaria.

Hasta el momento, este enorme aumento en la masa monetaria no ha sido un factor significativo de la presión inflacionaria, ya que el dinero está depositado en los bancos. A medida que las empresas y los consumidores utilicen sus depósitos y aumenten el gasto, la demanda podrá crecer a un ritmo mayor que la producción económica, lo que aumentará los precios y, cuando las expectativas inflacionarias se integren en el sistema, se convertirán en una profecía autocumplida.

El mercado debería normalizarse a medida que dejen de estar disponibles las prestaciones por desempleo

Uno de los mayores argumentos en contra de una tendencia inflacionaria duradera es el mercado laboral. Aunque hemos visto datos anecdóticos de falta de trabajadores, como empresas que informan sobre puestos que no pueden cubrir, las cifras de creación de empleo han sido decepcionantes debido a la ampliación de prestaciones por desempleo, que actúan como un factor disuasorio a la hora de encontrar trabajo.

A pesar de la significativa recuperación de los niveles de desempleo, todavía hay 7,63 millones de trabajadores menos que en los niveles prepandémicos. Además, la baja tasa de participación, es decir, la proporción de población en edad laboral que participa activamente en el mercado laboral, hace que la tasa de desempleo parezca menor de lo que realmente es. El mercado debería normalizarse a medida que dejen de estar disponibles las prestaciones por desempleo, lo que evitará una espiral de salarios y precios.

La pandemia ha conducido a niveles de estímulos fiscales que no se daban desde la Segunda Guerra Mundial, pero ni los gobiernos, ni los bancos centrales, ni los inversores se muestran preocupados por la inflación. Este exceso de confianza nos preocupa y, aunque no es nuestro escenario base, monitorizaremos de forma detallada los datos para identificar signos de una inflación más estructural. El nuevo marco de la Reserva Federal implica que el banco central puede reaccionar demasiado lentamente para aliviar las presiones inflacionarias y, por lo tanto, tener que aumentar los tipos de interés de forma más significativa, lo que conlleva el riesgo de una recesión brusca.

 

Jadwiga Kitovitz, CFA®
Directora Gestión Multiactivo y Clientes Institucionales Crèdit Andorrà Asset Management

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