19 de Julio 2017
Incógnitas por resolver

La actividad económica mundial ha tenido, en general, un tono muy positivo durante los primeros seis meses de 2017. El renovado impulso en la eurozona ha sido un puntal para el mundo desarrollado, y el crecimiento sostenido en China ha compensado ciertas vacilaciones en otros mercados emergentes.

El balance del año promete, sin embargo, no estar exento de suspense. Las negociaciones del Brexit están en marcha, el Congreso estadounidense está debatiendo la política tributaria con el techo de deuda en el horizonte, los precios del petróleo caen, lo que complica las finanzas de muchos productores, y China celebrará una reunión clave del Partido Comunista a principios de otoño que establecerá las líneas generales de su política económica.

Los fundamentales de la economía estadounidense han proporcionado a la Reserva Federal argumentos para subir los tipos de interés tres veces en un lapso de siete meses. También anunció la Fed  que planea comenzar pronto la reducción de su balance, aunque no se conoce aún el calendario para su implementación.

Las respuestas de los bancos centrales al entorno económico y de inflación marcarán la segunda parte del año

Recientemente hemos visto cierta debilidad en los datos económicos publicados, y la inflación se mantiene por debajo del 2%. Será importante comprobar si la recuperación estacional esperada en la segunda parte del año se materializa y, si no vemos repuntes en la inflación, la actitud que toma la Fed. Aunque parece poco probable que los planes actuales de la administración Trump para un impulso fiscal se implementen pronto, podría ser una sorpresa positiva. 

En Europa, la victoria de Emmanuel Macron en las presidenciales francesas y las sorpresas económicas positivas han propiciado un importante cambio de sentimiento en la zona euro en los últimos meses. El aumento de la inflación desde finales de 2016 ha sido en gran medida debido al aumento del precio del crudo y, por lo tanto, transitorio. La reciente corrección de los precios del petróleo y la fortaleza del euro, junto con aún capacidad ociosa, deberían mantener bajo control las presiones de precios.

El Banco Central Europeo se enfrenta a un complejo desafío durante el próximo año. La mejora del crecimiento ha debilitado el mantenimiento de la actual política monetaria extraordinaria, pero se espera que la inflación se mantenga por debajo del 2% los próximos años. Se especula que el BCE anuncie una reducción gradual de sus compras de activos en el cuarto trimestre de 2017, antes de que el programa actual expire en diciembre. La incertidumbre acerca de lo que sucederá con los rendimientos de los bonos gubernamentales en la periferia si esto ocurre será el aspecto clave que vigilar. En cualquier caso, la intención del BCE es acompasar la política monetaria a una realidad económica más positiva y no poner freno a la recuperación.

La economía japonesa debería seguir creciendo a un ritmo constante pero poco inspirador, cercano al 1%, respaldada por la inversión, un repunte de las exportaciones gracias a la debilidad del yen y un mayor gasto fiscal. Restricciones demográficas y estímulos fiscales inadecuados siguen limitando el crecimiento, por lo que el Banco de Japón seguramente mantendrá su línea de actuación.

Por último, China sigue siendo una preocupación importante a largo plazo para los mercados financieros mundiales, pero el impulso económico se mantiene. Por supuesto, dado el peso del estado en la economía china, el crecimiento a corto y medio plazo es en cierta medida una decisión política, pero la demanda mundial también ha ayudado a este impulso. Un sólido crecimiento económico en el periodo previo al congreso del Partido Comunista, este otoño, debería permitir restringir las condiciones monetarias para hacer frente a la aceleración de la deuda, pero siempre dentro de los límites y los objetivos establecidos.   

Alfredo Álvarez-Pickman
Economista jefe Banco Alcalá

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