15 de Septiembre 2018
Flash macro y de mercados: diez años de la quiebra de Lehman Brothers

Lunes 15 de septiembre de 2008. Antes de la apertura de los mercados asiáticos, Lehman Brothers solicita acogerse al capítulo 11 de la Ley de quiebras de EE. UU. y protagoniza la mayor quiebra de la historia. Deja un agujero de 613.000 millones de dólares y provoca un terremoto en todos los mercados financieros. 

Hasta el momento, Lehman Brothers era uno de los bancos más antiguos, fundado en 1850, y el cuarto banco de inversión más grande de Estados Unidos, con más de 680.000 millones de dólares de activos y más de 26.000 empleados repartidos por todo el mundo.  Las autoridades de EE. UU. decidieron no acudir al rescate del banco y llevó al Congreso aprobar, el 3 de octubre, la Ley de emergencia económica, que incluía el TARP (Troubled Asset Relief Program), un programa de rescate de hasta 700.000 millones de dólares para comprar activos hipotecarios dañados y acciones del sistema financiero. 

Sería un error pensar que la quiebra de Lehman Brothers fue el causante de toda la crisis. Durante los doce meses anteriores el índice S&P 500 ya había cedido un 18%. Seis meses más tarde, el índice caería otro 44%.

El crecimiento económico mundial se ralentizó. De acuerdo con los datos de la OCDE, pasó del 4,2% en 2007 a un 1,8% en 2008, y a un -1,7% en 2009. Si bien en EE. UU. se recuperó al poco tiempo, en Europa, entre medias, vivimos un rescate de los países periféricos como Grecia y Portugal, donde la crisis de deuda tuvo su punto más álgido en verano de 2012 y tardamos casi ocho años en ver la luz al final del túnel. 

¿Qué hemos aprendido de la quiebra de Lehman Brothers? 

El fin de Lehman provocó un cambio profundo en la regulación del sistema financiero internacional, como obligar a los bancos a separar su negocio minorista del de inversión, ampliar sus encajes para evitar otra crisis sistémica y poner en marcha los famosos stress test. Además de desarrollar Mifid II, que aporta transparencia y protección al inversor.

El 25% de los países desarrollados continúan con los tipos negativos. Es la prueba de que aún no hemos salido de la crisis.

La resaca de aquel 15 de septiembre de hace diez años todavía no ha pasado del todo y los grandes bancos que fueron protagonistas de los excesos que llevaron a la crisis siguen ahí, aunque con dificultad para generar más ingresos porque las reglas de juego son más estrictas. Entre tanto, las políticas monetarias acomodaticias de los bancos centrales han sido determinantes para la recuperación económica. Las ventas de activos financieros, las ayudas de los bancos centrales y las ampliaciones de capital han hecho que los bancos cuenten con unas ratios por capital mucho más solventes y que estén menos apalancados, pero no es el caso para los gobiernos y los hogares.

Desde la crisis financiera mundial de 2008, McKinsey ha señalado que la deuda global total (incluidas las deudas de los hogares, las empresas no financieras y los gobiernos) ha aumentado desde los 97 billones de dólares en 2007 a 169 billones de dólares hoy en día. Los bancos centrales tienen que ir con mucho cuidado retirando estímulos en el sistema y subiendo los tipos de interés muy gradualmente sin ahogar financieramente a los agentes económicos y pudiendo recuperar las herramientas monetarias para poder hacer frente a futuras dificultades que puedan ocurrir. De momento, la Fed es el banco central más adelantado, ya que su economía muestra un crecimiento sostenido y ha podido ir subiendo los tipos de interés de forma gradual, mientras que el Banco Central Europeo espera empezar a aumentar los tipos de interés el próximo verano de 2019.

Sergi Casòliva
Gestor Multiactivo y Clientes Institucionales Júnior

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Análisis / Economía / Estados Unidos