11 de Mayo 2017
Europa: fundamentales positivos 'versus' riesgo político

En las actas de su última reunión de política monetaria, el Banco Central Europeo apuntaba que la recuperación de la economía en la eurozona se afianza gracias al consumo privado y a la inversión. El presidente, Mario Draghi, señaló que la recuperación está ganando tracción y que el balance de riesgos para las perspectivas económicas está mejorando.

Los datos publicados han sido claramente positivos. El PIB real de la zona euro avanzó un 0,4% en el cuarto trimestre de 2016, manteniendo un ritmo constante de aumentos trimestrales que oscilan entre el 0,3% y el 0,6% desde mediados de 2014 y que se encuentran incluso ligeramente por encima del crecimiento potencial de la zona euro. El índice de confianza empresarial PMI, tras alcanzar máximos de los últimos 71 meses, sugiere que la economía podría haber tenido el trimestre más fuerte en dos años y situarse el crecimiento en el primer trimestre cerca del 0,6% (acelerando desde el 0,4% registrado en el último trimestre de 2016, la tasa de crecimiento más fuerte desde el primer trimestre de 2015). 

La economía podría haber tenido el trimestre más fuerte en dos años y situarse el crecimiento en el primer trimestre cerca del 0,6%

Tras las elecciones parlamentarias holandesas, donde el Partido Popular por la Libertad y la Democracia del primer ministro Mark Rutte ganaba con un resultado mejor que el que le otorgaban las últimas encuestas, incluso el riesgo político parece diluirse. Si las elecciones francesas tienen el resultado adelantado por los sondeos y Marine Le Pen no alcanza la presidencia de la República, el horizonte puede despejarse tanto que el Banco Central incluso se plantea retirar gradualmente los estímulos monetarios tras haber dejado atrás la deflación. 

Las implicaciones económicas de este menor riesgo político serían importantes. La Unión Europea es un socio comercial mayor que Estados Unidos para la mayoría de las economías emergentes y, hoy por hoy, el euro es la única alternativa real al dólar como moneda internacional. El compromiso de la eurozona con la globalización podría ser clave para evitar un cambio de paradigma hacia el proteccionismo.

Si las victorias populistas que preocupan a los inversores no suceden, el aumento de la confianza empresarial y de los consumidores podría significar un importante flujo inversor hacia la eurozona. Pero no olvidemos que aún hay reformas de calado por hacer en la eurozona y que el nivel de deuda en los países periféricos sigue siendo un lastre que deberá enfrentarse a la posible retirada de estímulos del BCE. 

El cambio de mensaje del BCE puede revalorizar el euro y limitar el crecimiento de las exportaciones.

Además, la inflación en la eurozona puede ser un freno para unos consumidores que no ven aumentar los salarios a pesar del mejor entorno económico, pues la tasa de paro sigue siendo elevada en algunos países de la Unión. 

La base económica de la eurozona parece asentarse y las oportunidades de liderazgo en el actual contexto internacional son innumerables. Sin embargo, siguen existiendo desequilibrios importantes que no se han solventado, como la deuda y el desempleo, y son estos periodos de bonanza los que deben aprovecharse para ahondar en su solución. De lo contrario, corremos el riesgo de que las grietas vuelvan a aparecer cuando vengan tiempos difíciles. Y no duden de que estos, tarde o temprano, llegarán. 

(Artículo incluido en la edición del Informe trimestral de mercados, marzo 2017)

 

 

Alfredo Álvarez-Pickman
Economista jefe Banco Alcalá

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