18 de Mayo 2017
El pulpo y los tentáculos

Michel Temer, presidente de Brasil, se encuentra envuelto en un escándalo político que ha provocado fuertes tensiones en los mercados brasileños. Según el diario O'Globo, han salido a la luz grabaciones en las que Temer estaría avalando el soborno del dueño de la brasileña JBS (a mayor empresa de procesamiento de carne del mundo por volumen de ventas) a un testigo potencial en la investigación del mayor escándalo de corrupción del país, conocido como Lava Jato (traducido como Operación lavado a presión): una trama de lavado de dinero, sospechosa de mover más de 10.000 millones de reales brasileños.

Tras la salida de Dilma Rousseff del gobierno, nos enfrentamos ahora a varias cuestiones: ¿Sobrevivirá el gobierno de Temer a estas revelaciones? ¿Puede quedar sepultada la reforma que el país tanto necesita? ¿Qué pasará con la economía, que se encontraba en franca recuperación? ¿Cómo queda el escenario político? El momento es difícil y no hay respuestas, solo especulaciones.

Es difícil pensar en el destino de Temer, que cuenta con una bajísima popularidad, pero el presidente necesitará más que nunca su conocida cintura política para mantenerse en el poder, aunque su futuro muy probablemente dependerá de las calles, la opinión pública y el resto de la clase política.

Las consecuencias económicas inmediatas son inevitables. La más importante de ellas, la reforma del sistema previsional (pensiones) para evitar su colapso, que en el mejor de los casos sufrirá una demora y en el peor, terminará en el baúl de los recuerdos, lo que complicará la recuperación económica.

En caso de que la Procuraduría General estime que el crimen fue cometido durante el actual mandato, la denuncia llegaría hasta el Tribunal Supremo Federal, tras la autorización de dos tercios de la Cámara de Diputados. Una eventual destitución o renuncia de Temer, sin embargo, no conduciría a nuevas elecciones presidenciales. En caso de una doble vacante –es decir, si dejan el cargo tanto el presidente como el vicepresidente– durante los dos años finales del mandato, la Constitución brasileña prevé la elección indirecta del presidente.

Y este sería precisamente el caso, ya que Temer, ex vicepresidente de Dilma Rousseff, asumió el cargo tras la destitución de ésta en agosto de 2016 y finaliza su mandato dentro de un año, en 2018. El primero en la línea de sucesión es Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados. Maia, además, es el encargado de dar la primera aprobación a la petición de impeachment. Le siguen el presidente del Senado, Eunício Oliveira, y la del Tribunal Supremo Federal, Cármen Lúcia. Maia tendría 30 días para convocar una elección indirecta y el nuevo presidente sería elegido por los 513 diputados y 81 senadores en sesión conjunta (1/3 de ellos con problemas pendientes con la justicia). 

La Constitución no detalla si los criterios para postularse en una elección indirecta son los mismos previstos para una elección directa. Una cuestión que podría ser debatida es también si los magistrados (de la corte suprema) pueden presentarse como candidatos. En el caso de una elección directa pueden, bajo el compromiso de que renuncien a su cargo seis meses antes de las elecciones. No está claro si lo mismo sería posible en el caso de una elección indirecta.

El escándalo Lava Jato está impulsando una reforma ética sin precedentes que no estaba en la agenda de Brasil. El Lava Jato se ha convertido en un pulpo sin corazón; no descansa, es incontrolable.

Raul Ponte
Senior Portfolio Manager Beta Capital Wealth Management

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