17 de Enero 2020
El crecimiento mundial debería recuperarse en 2020

Más allá del impacto negativo directo de los aranceles, la guerra comercial global afectó la confianza empresarial y causó una fuerte recesión en el sector manufacturero. La desaceleración se vio agravada por un desplome en la industria automotriz, ya que la demanda en China quedó afectada por un aumento de los impuestos, y el cambio en la regulación y la prohibición del diésel hizo mella en la producción alemana. Sin embargo, los temores a una recesión fueron demasiado exagerados.

Los países más expuestos al comercio y al sector manufacturero, como Alemania, fueron los más afectados, mientras que los que dependen más de la demanda interna, como EE. UU., finalizaron 2019 con solo una ligera disminución en su tasa de crecimiento del PIB. En la mayoría, el impacto en el sector de servicios fue mínimo y el consumo interno se mantuvo fuerte. 

Las perspectivas parecen más alentadoras ahora que Estados Unidos y China han firmado un acuerdo comercial preliminar

Para la mayoría de analistas los temores de una recesión se han disipado por completo, pero la mera longevidad del ciclo actual sigue preocupando a algunos inversores pesimistas. De hecho, este ciclo está a punto de convertirse en la expansión ininterrumpida más larga desde 1860.

Los ciclos largos pueden provocar excesos, acompañados de una caída. Las valoraciones de los activos suelen estar en niveles extremos cuando esto sucede y las correcciones de mercado consecuentes endurecen aún más las condiciones financieras y crean una espiral de retroalimentación negativa entre la economía y los mercados. No negamos que existan riesgos –los niveles de deuda son elevados y el margen de maniobra de los bancos centrales se reduce– pero estos factores por sí solos no son suficientes para desencadenar una recesión.

El acuerdo comercial inicial entre China y Estados Unidos restablece cierto nivel de confianza, que debería ayudar a elevar la actividad de inversión

Normalmente las recesiones ocurren después de un período de política monetaria restrictiva, que se aplica en respuesta al recalentamiento de la economía y al aumento de las presiones inflacionarias. Por el momento, la inflación continúa disminuyendo a pesar de que las condiciones previas para un repunte están vigentes dada la fortaleza del mercado laboral. En Estados Unidos, el último dato de la inflación se situó en el 2,1%. Finalmente, en el peor de los casos, los bancos centrales se mantendrán a la expectativa en 2020.

El acuerdo comercial inicial entre China y Estados Unidos restablece cierto nivel de confianza que debería ayudar a elevar la actividad de inversión. El efecto retardado de la flexibilización monetaria sincronizada también debería compensar parte de la debilidad. Para confirmar este punto de vista, los indicadores económicos recientes sugieren que la desaceleración mundial está disminuyendo.

Los PMI en Japón, la zona euro y EE. UU. confirman que la fabricación mundial está bajando en picado. Sin embargo, los indicadores de crecimiento en la eurozona probablemente solo mejorarán moderadamente durante los meses siguientes, ya que un crecimiento más fuerte puede requerir un estímulo adicional.

La guerra comercial probablemente continuará preocupando: si reaparecieran las tensiones, la confianza empresarial recibiría otro contratiempo y la actividad se vería afectada una vez más

Como se ha dicho anteriormente, los bancos centrales desarrollados están cerca de los límites de su espacio de políticas, por lo que se ha fomentado la política fiscal para que tome la iniciativa y trate de impulsar la economía. Sin embargo, ha habido pocos signos visibles de ayuda fiscal, por decir lo menos. Los países com mayor margen de maniobra son reacios a usarla, como Alemania, y probablemente tendríamos que ver un empeoramiento de la situación económica antes de ver un estímulo fiscal considerable.

Nuestra hipótesis de base apunta solo a una modesta recuperación económica en 2020 y está condicionada a un acuerdo entre China y EE. UU. La guerra comercial probablemente continuará siendo una preocupación persistente, ya que un acuerdo íntegro indudablemente tendrá puntos fuertes e inconvenientes, sobre todo porque nos acercamos a las elecciones de noviembre. Si las tensiones reaparecieran, la confianza empresarial recibiría otro contratiempo y la actividad se vería afectada una vez más.

Jadwiga Kitovitz, CFA®
Directora Gestión Multiactivo y Clientes Institucionales Crèdit Andorrà Asset Management

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