20 de Enero 2020
El año de la no-normalización monetaria

A finales del año pasado los bancos centrales se preparaban para que en 2019 se iniciara el proceso de normalización monetaria, pero las incertidumbres políticas, con la guerra comercial entre EE. UU. y China en primer lugar, hacían temer por el crecimiento y obligó a los principales bancos centrales a dar marcha atrás y a plantear más políticas monetarias expansivas.

Así, los principales bancos centrales del planeta (EE. UU., China, Japón, zona euro) han aumentado su balance. La Reserva Federal bajó su tipo de interés de referencia desde el 2,5% hasta el 1,75% y aumentó su balance para hacer frente a los problemas de liquidez que se le presentó en el mercado de repos. El Banco Central Europeo anunció en septiembre una reducción de 10 puntos básicos del tipo de depósito y entregó un nuevo QE sin plazo final, con compras de bonos por un importe de 20.000 millones mensuales.

Todo apunta a que 2020 será un año caracterizado por la continuidad de la desaceleración económica en las principales economías, aunque parece improbable que caigamos en una recesión global. Por primera vez en muchos trimestres, coincidirá un escenario donde los bancos centrales van a seguir inyectando liquidez en el mercado con una disminución de las incertidumbres comerciales que han marcado el año después de la aprobación de la fase 1 del acuerdo comercial entre EE. UU. y China, y la clara victoria de Boris Johnson en las elecciones del Reino Unido que apuntan a la consecución de un Brexit ordenado.

Todo apunta a que en 2020 coincidirá un escenario donde los bancos centrales van a seguir inyectando liquidez con una disminución de las incertidumbres comerciales

Así, los principales bancos centrales ya han anunciado que seguirán con el piloto automático durante el año 2020, lo que constituye, sin duda, la mejor noticia y soporte para la renta fija. No obstante, hay que seguir alerta ante potenciales riesgos para ir adaptando las estrategias, si fuera necesario: 

- Nuevas amenazas proteccionistas que puedan surgir, particularmente en Europa, y veremos qué deparará la fase 2 de la negociación entre EE. UU. y China, ya que incorpora el grueso del contenido, con puntos clave como el de la propiedad intelectual.

- Los bancos centrales han demostrado la rapidez con la que pueden cambiar de rumbo. Un giro de actuación supondría un impacto relevante por su gran influencia en los mercados.

- Europa puede tardar más de lo esperado en ofrecer el estímulo fiscal que reclama la nueva gobernadora del BCE, Christine Lagarde.

- Riesgo de que pueda haber signos de inflación, lo que haría subir los tipos de interés a largo plazo aunque los bancos centrales no subieran sus tipos de referencia.

- Los diferenciales de crédito se encuentran en zona de mínimos, apoyados por un escenario de tipos low forever que hace que los inversores inviertan en bonos con calidad crediticia inferior, buscando yield. El riesgo es cada vez más asimétrico, ya que los precios elevados de los activos de renta fija tienen una mayor limitación al alza y mayores caídas potenciales. 

- Los mercados emergentes tienden a beneficiarse de una mayor liquidez, de tipos bajos en EE. UU. y de un dólar débil. Si finalmente no se cumple que el dólar muestre la debilidad que se espera, esta tipología de activos se verían afectados.

- Elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Vemos con optimismo el inicio de 2020 ante la perspectiva del soporte de los bancos centrales, que continúan inyectando liquidez, y la disminución de las incertidumbres que han marcado 2019. El análisis y la selección de los emisores, la diversificación y la adaptación activa a los potenciales riesgos, que siempre surgen, serán los mejores compañeros de viaje para el nuevo año.

Josep Maria Pon, CIIA
Director de Renta Fija y AMM Crèdit Andorrà Asset Management

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