3 de Julio 2019
Demasiado pronto para hablar de recesión

Hasta hace muy poco, parecía muy probable que Estados Unidos y China llegaran a un acuerdo comercial. Sin embargo, a principios de mayo, las negociaciones entre los dos países se rompieron. Además, las tensiones han ido más allá del comercio y podrían afectar a muchos otros frentes, como la tecnología, el robo de propiedad intelectual y las normas que rigen las alianzas con entidades locales chinas. China también ha amenazado con limitar las exportaciones de materiales especiales y elaborar una lista de entidades poco fiables que perjudican seriamente los intereses de las empresas nacionales. Las reverberaciones de estos hechos podrían tener un grave impacto negativo en la economía.

Aunque no podemos ignorar los riesgos, consideramos que las previsiones del mercado se han vuelto excesivamente pesimistas en este momento. Es cierto que, si se prolonga, las repercusiones trascenderán el impacto directo de los aranceles. Para empezar, no será posible repercutir directamente el incremento de los costes de las empresas, lo cual erosionará la rentabilidad. En segundo lugar, el aumento de los precios se propagará a las cadenas de suministro nacionales y mundiales. Los consumidores finales también deberán soportar precios más altos, hecho que podría reducir la demanda.

Aunque no podemos ignorar los riesgos, consideramos que las previsiones del mercado se han vuelto excesivamente pesimistas

A corto plazo, la incertidumbre retrasa las inversiones y frena la demanda de equipos. A largo plazo, la guerra comercial probablemente incurrirá en mayores costes a medida que las empresas busquen e inviertan en alternativas. Por ello, muchos operadores del mercado han rebajado sus previsiones de crecimiento económico y reaccionan muy negativamente a los malos datos recientes. Los datos de empleo de Estados Unidos de mayo mostraron un empeoramiento en la creación de empleo y en el promedio de horas trabajadas y salarios. Para algunos, esto significa que ya estamos viendo cómo el debilitamiento del sentimiento empresarial, las inversiones demoradas y una caída en el comercio están frenando la contratación, lo que eventualmente reducirá la demanda de los consumidores. Además, el PMI global está en el punto de mira, ya que actualmente refleja una contracción en la actividad manufacturera y se encuentra en un nivel inédito en los últimos seis años y medio. Por último, los datos sobre la inflación han seguido decepcionando a medida que el IPC interanual en Estados Unidos cayó al 1,8% desde el 2%, por debajo de las previsiones generalizadas.

La demanda interna de Estados Unidos se mantiene fuerte, como indica el sentimiento del consumidor, actualmente por encima de la media anual

Entonces, ¿por qué pensamos que el mercado prevé un escenario demasiado pesimista? Aunque estamos de acuerdo en que la perspectiva no es tan optimista como parecía hace unos meses, no creemos que la evolución económica indique una recesión. En primer lugar, un mal dato de empleo no marca una tendencia. El mercado laboral sigue siendo fuerte, las solicitudes de subsidio de desempleo son mínimas y la tasa de desempleo se encuentra en un mínimo histórico del 3,6%.

La demanda interna de Estados Unidos se mantiene fuerte, como indica el sentimiento del consumidor, actualmente por encima de la media anual. Las ventas al por menor sin automóviles superaron las expectativas en mayo y el mes anterior se revisó al alza una vez más, lo que aún indica una expansión. Si bien el sector manufacturero podría estar deprimido, el indicador de servicios PMI es superior a 50, lo que también indica expansión. Los servicios son cada vez más vitales para el crecimiento económico de muchos países y todavía muestran una tendencia saludable. En contraste, la producción es un componente del PIB que se contrae.

Del resultado de la reunión del G-20 a fines de junio dependen muchas cosas. No esperamos un acuerdo firme entre Estados Unidos y China, pero sí creemos que se reanudarán las negociaciones. Una crisis económica no interesa a nadie, por lo que esperar lo peor nos parece un poco prematuro.

Jadwiga Kitovitz, CFA®
Directora Gestión Multiactivo y Clientes Institucionales Crèdit Andorrà Asset Management

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