10 de Octubre 2017
(Demasiada) Placidez

Encaramos el último trimestre del año en un entorno muy plácido (qué peligroso es dejar eso por escrito, en mercados financieros). A nivel macro, gozamos de un crecimiento suave pero robusto, y sincronizado a nivel global, por primera vez en más de un lustro. Eso sin inflación, lo que permite que los bancos centrales puedan deshacer estímulos a un ritmo más que relajado, sin prisa alguna, y sin ser pues obstáculo para los mercados. Como la obtención de cupones interesantes en la renta fija sigue siendo una quimera, la narrativa del "no hay alternativa" a los activos de riesgo sigue vigente. Añádanle a lo anterior que las publicaciones de beneficios no están decepcionando, y que la volatilidad se mantiene extraordinariamente baja –no solo en la renta variable; en cualquier activo financiero, cuesta encontrar excepciones–. El cóctel es más que favorable a los inversores.

Ni siquiera el duelo de despropósitos entre Kim Jong Un y Trump ha conseguido alterar los ánimos. Y eso que a nivel político nunca faltan distracciones. Francia se ha quedado más sola de lo previsto en los buenos propósitos para seguir estrechando vínculos en la Unión Europea. Ante el descalabro socialista en las elecciones alemanas, el SPD se ha pasado a la oposición y la coalición que gobierne Alemania será previsiblemente menos pro-europea que el gobierno anterior. Pero eso parece más que un posible catalizador para los mercados se haya evaporado que no un riesgo bajista. Lo que seguro daría un empujón a los mercados sería que en EE. UU. se aprobase la reforma fiscal. No parece nada sencillo conseguir que se aprueben las propuestas de Trump, pero la buena noticia es que no hay nada puesto en precio, y que cualquier noticia solo puede ser una buena noticia. 

Tan aburrido está todo que toca hablar incluso del Bitcoin (sin duda una de esas excepciones al respecto de la nula volatilidad antes mencionada). Un poco de sentido común debería hacernos dudar, como mínimo. Por un lado, una moneda tan inestable es poco deseable (¿se imaginan consultando la cotización para ver si se pueden permitir el postre en mitad de una cena romántica?). Los gobiernos podrían incluso prohibirla si llegase a ser una amenaza (para recaudar impuestos, por ejemplo). Y no hay manera posible de adivinar siquiera si será la ganadora, en caso (poco probable) de que algún día el dólar o el euro caigan en desuso (será por criptomonedas, existentes y por inventar; los propios bancos centrales están estudiando crearlas). Como inversión, parece un despropósito: a nuestro entender es un claro ejemplo de especulación, basado mucho más en no ser el último en entrar que en sus fundamentales (con demasiadas semejanzas con otras burbujas del pasado, como los tulipanes holandeses en el XVII). 

Lo preocupante, en definitiva, es cuán complaciente está el mercado. Cuesta adivinar motivos de correcciones serias. Es precisamente en estos momentos en los que uno debe extremar la prudencia. Procuraremos aprovechar la bonanza, pero manteniendo liquidez en la cartera que nos permita soportar episodios de riesgo. El sol siempre precede a la tormenta; conviene guardar ropa seca por si llueve.

David Macià, CFA®
CIO Crèdit Andorrà Asset Management

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Economía / Mercados