19 de Septiembre 2017
Demasiada confianza en los bancos centrales

¿Saben de qué está hecho el dinero? Ni de metal, ni de papel, ni de ceros y unos (aunque más del 90 % de todo el dinero del mundo sean solo apuntes informáticos). Está hecho de confianza. Necesitamos algo que facilite el intercambio de bienes y servicios y nos permita comparar el valor de las cosas. Pueden ser euros, dólares o rupias hoy como antaño fueron sestercios, siclos de plata, pieles o conchas marinas. A lo largo de la historia se ha usado de todo. Pero siempre ha sido una mera convención social. Lo aceptaremos únicamente mientras creamos que nos lo van a aceptar a nosotros.

Un poco de perspectiva y una pizca de sentido común suelen ser buenos ingredientes para formarse una opinión. Los bitcoins, por ejemplo, cuyo valor se ha multiplicado por 1 000 en solo 6 años, no parecen muy adecuados ni como divisa ni como inversión. Por un lado, una “moneda” tan inestable es poco deseable. Resultaría un tanto incómodo tener que consultar la cotización durante una cena romántica para ver si nos podemos permitir o no un buen postre. Los gobiernos podrían también, simplemente, prohibir su uso si llegan a ser una amenaza (para recaudar impuestos, por ejemplo). Y aunque no fuera así, si un día el dólar cae en desuso, cosa harto improbable, el sustituto puede ser cualquier otra criptomoneda aún por inventar, o el oro, o las conchas marinas otra vez. Como inversión, deberíamos ser también cautelosos. La historia no se repite, pero suele rimar, como decía Mark Twain, y sobran los ejemplos, como el intenso episodio de pasión de los holandeses por los tulipanes en el siglo xvii, una de las primeras burbujas financieras documentadas: los precios subieron sin descanso durante décadas hasta llegar a niveles estratosféricos. Lo hicieran por codicia (es un verdadero fastidio ser el único que no se enriquece) o por miedo a la moneda oficial (Holanda estuvo en guerra con España durante la primera mitad del siglo), invertir en tulipanes terminó por ser muy mala idea: en 1637 el precio se derrumbó abruptamente para cotizar a la par que las cebollas. No debe de ser un ejemplo tan descabellado: mientras reviso por última vez este artículo antes de enviarlo, veo que lo acaba de usar también Jamie Dimon, presidente de JP Morgan.

Tal vez los bitcoins reflejen simplemente el miedo a los potenciales efectos adversos de la agresiva intervención de los bancos centrales para contener la última crisis. A diferencia de sus propias monedas, no pueden crear bitcoins a placer. Las consecuencias de sus acciones han sido relativamente escasas para la economía real. Son los bancos de toda la vida quienes de verdad crean el dinero mediante la concesión de crédito, algo en lo que no parecen muy pródigos últimamente. Muy distinto es el caso de los mercados financieros, que han desarrollado una preocupante adicción a las autoridades monetarias. Una frase de Draghi o Yellen puede salvar o hundir los mercados. Los bajos tipos de interés distorsionan toda la toma de decisiones (¿han pensado qué significa tener tipos de interés negativos? Los tipos de interés no son más que el precio del dinero; ¿se imaginan ir a un concesionario y que les pagasen a ustedes por quedarse un coche?). El dinero está hecho de confianza. Tal vez hayamos puesto demasiada en los bancos centrales.

Artículo publicado en el suplemento 'Dinero' de La Vanguardia del domingo 17 de septiembre de 2017

 

David Macià, CFA®
CIO Crèdit Andorrà Asset Management

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