19 de Octubre 2021
Cuando luce el sol

Los beneficios empresariales han sorprendido a propios y extraños, y han batido al más optimista de los analistas. Ese es, tal vez, el punto que aporta mayor solidez a una subida que, más si cabe en medio de una pandemia, se antojaba más frágil de lo que está siendo. Las caídas bursátiles, cuando las hay, duran horas. La liquidez inyectada por los bancos centrales, la recuperación económica y la falta de alternativas atractivas para los inversores conservadores han llevado a flujos de entrada mayúsculos a la renta variable, que atesoran rendimientos a doble dígito.

Sin embargo, los cielos no están lo suficientemente despejados para tanto inversor en bañador. Tal vez el mayor nubarrón sea el repunte de la inflación, que los bancos centrales prometen temporal. No hay semiconductores para todos (se calcula que se han perdido 210 000 millones en ventas por no haber podido satisfacer la demanda de tabletas, consolas o coches, entre otras muchas cosas).

Los barcos hacen cola para poder descargar o cargar mercancías en puertos que no dan abasto. Los trenes son incapaces de llevar a tiempo todo lo que se les pide. Además, la falta de camioneros dificulta mucho el transporte terrestre. Inglaterra es el mayor exponente de lo anterior, con supermercados desabastecidos o el ejército repartiendo gasolina porque repostar se ha convertido en una ardua tarea para los ciudadanos.

Naden y guarden la ropa. Inviertan quirúrgicamente, con cuidado, muy selectivamente, siempre hay oportunidades

Mientras tanto, las materias primas son un caos. En parte, por el impulso de políticas medioambientales, que celebramos, en parte por una miríada de factores, todos a la vez. El precio del gas natural se ha disparado y se ha llevado consigo el de la electricidad, lo que ha provocado incluso graves cortes de suministro en China. El carbón o el petróleo han seguido la estela del gas.

No llueve aquí, no sopla el viento allá, no llega su transporte o se incendia una fábrica en otro lugar, hechos que afectan a muchas otras materias primas. Además, la mano de obra es muy escasa. Si empiezan a subir los salarios, veremos si los bancos centrales aguantan el pulso que les está echando la inflación, a niveles no vistos en décadas en muchas partes.

Noruega y Nueva Zelanda han sido los dos primeros países en dar su brazo a torcer. En Inglaterra no tardarán. El exceso de liquidez era uno de los puntales de los mercados. Además, las valoraciones no dan margen para sorpresas.

Ser prudente no ha sido este año el mejor de los negocios. No suele serlo en tiempos de euforia. Sin embargo, la euforia suele ser mala compañera de viaje de una buena inversión. Con la perspectiva suficiente, los precios no son nunca los mejores cuando les sobra el dinero a los compradores. Naden y guarden la ropa. Inviertan quirúrgicamente, con cuidado, muy selectivamente, siempre hay oportunidades.

Tener las cuentas corrientes repletas tampoco es el mejor negocio, aún menos si se acelera la inflación. No crean a los agoreros que pronostican el juicio final, pero tampoco a quien promete cielos soleados por los siglos de los siglos. A veces, llueve.

Del mismo modo que en medio de una tormenta sabemos que tarde o temprano volverá a lucir el sol, lo contrario es cierto también. Hace demasiado tiempo que no cae una gota. Vale la pena llevar paraguas, por si acaso.

David Macià, CFA®
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Crèdit Andorrà Asset Management

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