25 de Abril 2017
Carpe diem

Pocas veces antes desde que estallase la crisis hemos podido asistir a una mejora sincronizada de la economía a escala global. Mejora el mercado laboral (Alemania, Japón o EE. UU. han llegado al pleno empleo); los indicadores de actividad industrial apuntan a una sólida expansión, y sigue repuntando la confianza de los agentes económicos, que en algún caso marca máximos en décadas. Tanto es así que la Fed ha conseguido enlazar un par de subidas de tipos en poco más de un trimestre, aunque se espera que sean solo el preludio de las que están por venir. Hasta hace solo unos meses los bancos centrales se devanaban los sesos en busca de más medidas de estímulo, de cómo sacar más conejos de una chistera que parecía agotada. Ahora parecen centrados en buscar formas de deshacer los excesos monetarios sin tornarse obstáculo para los mercados financieros. Incluso el BCE ha empezado a probar suerte extendiendo en tiempo, pero reduciendo en importe, las compras mensuales de su programa cuantitativo. Tal vez el siguiente «truco» implique deshacer los tipos negativos, que no benefician a nadie. Para buen prestidigitador, Draghi. De funciones más difíciles ha salido entre aplausos.

Las autoridades monetarias no debieran tener problemas con la inflación sin la ayuda del petróleo. No nos cansamos de repetir que el crudo difícilmente puede sostenerse muy lejos del breakeven –donde hacen las paces– de los productores americanos, entre 50-55 USD y bajando. La OPEP es mucho más hábil copando titulares de prensa que influenciando los precios. Cada vez que reduce producción (solo controla un tercio de la misma), pierde cuota. Y eso cuando cumple (raramente). Un mes ha durado el propósito de Arabia Saudí, que ha revertido un tercio de los recortes.

Puede parecer muy atrevido describir de forma tan plácida el hábitat de los inversores cuando se comparte con Trump y el Brexit, y con Le Pen al acecho. Del primero, exabruptos al margen, puede resultar preocupante la falta de apoyo para sustituir el ObamaCare, que gozaba de la antipatía casi unánime de los republicanos. La reacción de los mercados ha sido tranquilizadora. Con el viento de cola de la economía, si se consiguen pasar estímulos fiscales, serán bienvenidos y servirán de catalizador, pero su ausencia no debiera suponer un traspié importante. Del Brexit, parece que va a ser un camino muy largo y tortuoso. Lo primero es importante. Durante mucho tiempo tendremos mucho ruido, pero nada lo suficientemente concreto de lo que preocuparnos. Los mercados se acaban aburriendo –e ignorando– de seriales con demasiados capítulos (fíjense en Grecia, si no). Y en cuanto a Le Pen… no parece probable que pueda ganar. Seguramente estén pensando que tampoco iba a pasar con el Brexit o Trump. Pero no olviden que las elecciones francesas son a doble vuelta. Dudamos mucho que el Brexit o Trump hubieran podido repetir resultado dos veces seguidas. Y sigue habiendo mucho escéptico que añadirá riesgo a sus carteras solo cuando esté seguro del resultado de las elecciones francesas. Bienvenidos sean los compradores (si se ha comprado antes, sobre todo).

¿Qué nos preocupa? (no puede ser todo tan bonito). Pues que, como es precisamente cuando todo va bien que algo puede ir un poco peor, nos incomoda la complacencia que empieza a imperar en los mercados. Sirva de ejemplo que el S&P 500 estuvo a punto de batir el récord de 1995 de días consecutivos sin caer un 1% (¡109!). El hecho es que las volatilidades de casi todo se mantienen demasiado bajas para quienes tenemos por enemigo al exceso de optimismo. Puede ser, pues, buena idea seguir aprovechando el buen tono de los mercados este año, pero siempre con el freno muy a mano, por si vinieran curvas.

(Artículo de apertura del Informe trimestral, enero-marzo 2017)

David Macià, CFA®
CIO Crèdit Andorrà Asset Management

ETIQUETAS

Economía / Mercados / Política